La villa Salvatore había quedado envuelta en un silencio incómodo después de la partida de Giulio Romano. Tal como lo había prometido, esa misma noche abordó su avión privado y desapareció rumbo a Los Ángeles, donde lo esperaba una guerra personal que llevaba demasiado tiempo postergada.
Rebeca observó las luces de la pista de aterrizaje apagarse con el rugido lejano del jet y, por primera vez en semanas, sintió que respiraba un aire distinto: libre, pero no en paz.
A la mañana siguiente, la ru