Mis peores momentos se habían convertido en una compañía constante, como sombras fieles que nunca me abandonaban. Era como si el karma me susurrara que debía pagar por los pecados de mi padre. Mi mayor sueño se desmoronó ante mis ojos, mientras agudas punzadas en mi vientre me confirmaban la cruel realidad: la pérdida de mi bebé. Aquel anhelo que me llenaba de esperanza ahora me devastaba por completo.
En urgencias la anestesia me estaba hundiendo. Mi cuerpo llevaba mucho tiempo entumecido, pe