Valentina recordaba con nitidez aquellos fragmentos de la noche memorable que había vivido bajo el dominio de Mateo. Las imágenes se repetían en su mente como un eco adictivo: los juegos de poder, la entrega absoluta, esa deliciosa mezcla de dolor y placer que la hacía sentirse viva. Para ella, el sadomasoquismo no era solo una práctica sexual, sino una necesidad visceral.
Valentina experimentó aquel momento como algo único e irrepetible. Cada caricia de Mateo le transmitía, a través de su pie