Él no respondió con palabras. En un movimiento brusco, se abalanzó sobre ella, capturando sus labios en un beso apasionado y devorador que sabía a sal y lágrimas, entre sus bocas, Mateo le transfirió un afrodisíaco para calmarla un poco… y para su propia vergüenza, Valentina sintió cómo su cuerpo respondía al familiar contacto, traicionando su voluntad.
Sus labios se deslizaron hacia su cuello, debajo a su paso una estela de besos ardientes que hacían temblar su piel. Con manos expertas, desab