Valentina sintió de pronto un peso aplastante en el pecho, como si el aire le hubiera sido arrancado de los pulmones. Las revelaciones acababan de estallar frente a ella, una tras otra, dejándola al borde del colapso. El ataque de pánico la golpeó sin piedad, ahogándola en un mar de emociones contradictorias. Con dificultad, logró articular una petición de pausa a los ancianos antes de salir tambaleante, sosteniéndose apenas en sus guardaespaldas.
Al salir, entró al auto respirando agitadamente