—Armando, la situación con Mateo y sus hombres se está volviendo cada vez más crítica. Valentina cuenta con nosotros. Tenemos que actuar: asaltar su posición y reclamar por la fuerza el liderazgo que legítimamente le corresponde a Valentina.
Armando, uno de los hombres de confianza, quedó perplejo ante la contundencia de Alonso y replicó con cautela:
—Señor, yo no he recibido instrucciones directas de la señorita Valentina. Ella debería ser quien autorice una movida así.
—¿Acaso crees que me saltaría su autoridad? ¡Por supuesto que hablé con ella! Me concedió plena autoridad para actuar según lo considere necesario, y esto es lo que hay que hacer. Ya hemos esperado demasiado. Mañana al amanecer iremos a la casa y eliminaremos a Mateo de nuestro camino.
Armando intuía que algo olía mal. Conocía bien a Valentina: ella siempre supervisaba personalmente cada decisión importante. Así que, con diplomacia, insistió:
—De acuerdo, señor. Aun así, voy a informar a la señora Valentina.