Valentina se dirigió rápidamente a su habitación, sintiendo timidez y cierta vergüenza por lo ocurrido, aunque externamente solo proyectaba frialdad. Mateo, por su parte, percibió en sus gestos que ella había reaccionado a la mirada que ambos habían compartido. Al verla alejarse, experimentó una profunda satisfacción y un destello de alegría al confirmar que, en el corazón de Valentina, aún quedaba un poco de amor por él.
Inmediatamente, tomó un sorbo de agua y, mientras contemplaba el vacío,