El Gran Dolor De Valentina.
La ama de llaves y el mayordomo salieron corriendo a refugiarse al escuchar los disparos. Asustada por la suerte de Mateo, la mujer se asomó con cautela por la ventana y lo vio disparando hacia el exterior junto a sus hombres, con el rostro cubierto de sangre. Inmediatamente, alarmada al pensar que estaba herido, corrió hacia donde se ocultaba el mayordomo y le dijo entre lágrimas:
—¡El señor Mateo está sangrando! Tenemos que ayudarlo.
El mayordomo, agarrándola del brazo con firmeza, la obligó a permanecer escondida y le advirtió:
—No podemos intervenir. ¿Quieres que nos maten? Este no es nuestro problema. Deja que ellos lo resuelvan.
Desesperada y sin saber qué hacer, la ama de llaves llamó por teléfono a Valentina:
—Señorita, ¡por favor! debe detener esta locura —dijo con la voz quebrada.
Valentina, muy alterada, preguntó:
—¿Qué está pasando ahí? ¿Por qué se oyen disparos?
—Señora, el señor Alonso está aquí con unos hombres disparándole al señor Mateo y a sus guardias