—Aún no es el momento, abuela —dijo, agarrándole del brazo con suavidad, pero firmeza—. Primero necesitamos la información que Damián ha guardado por años. Expondremos sus atrocidades al mundo; no habrá mayor sufrimiento para él que pudrirse en una celda, deshonrado. Después... la cárcel le dará la "bienvenida" que merece, y de eso me encargaré yo. Por ahora, ordena a uno de tus hombres que lo lleven a la habitación. Conviene que se mantenga aquí.
Ajustó el reloj de su muñeca con gesto meticul