Luego, al girar su mirada hacia Damián sus ojos adquirieron un brillo predatorio y añadió con voz gélida—: ¿Cómo está tu conciencia, Damián? ¿Cuántas víctimas cargas en tus manos? Quiero que sigas recordando muy bien a aquel niño de diez años al que torturaste hasta dejarlo moribundo en aquel sótano lleno de ratas.
Damián contrajo los músculos de la mandíbula y la miró con expresión de incredulidad, sorprendido de que ella conociera todos sus secretos. Permaneció en silencio, consciente de las