El plan era una locura, una apuesta desesperada en un campo de batalla mental. Seraphina lo llamó “La Página Envenenada”, una historia tan llena de mentiras y contradicciones que actuaría como un virus, una bomba lógica diseñada para colapsar la máquina analítica de Syzygy desde dentro. Era nuestra única arma. Y requería que hiciéramos lo impensable envenenar voluntariamente nuestras propias almas.
Levantamos nuestro campamento en una red de cavernas marinas, sus cámaras húmedas y resonantes un