La retirada fue una derrota total. No huíamos como un ejército, sino como una plaga de miedo, nuestra canción unificada rota en un centenar de notas discordantes de pánico. La manada avanzaba hacia el norte como un río desesperado de pelaje y terror, fluyendo hacia el mar del que Lyra había hablado. El único lugar que quedaba.
Ronan me llevaba en brazos, mi cuerpo un peso muerto contra el suyo, sus largas zancadas devorando el suelo. Mi mente era un campo de batalla, los gritos psíquicos de nue