El silencio perfecto de Aethelgard se rompió por la respiración entrecortada de Kael. Ronan lo mantenía apoyado contra la base de cristal de una fuente ahora apagada, presionando con sus grandes manos un fajo de tela arrancado de su propia túnica contra la herida humeante en el hombro de Kael.
—No está funcionando —dijo Lyra, con la voz tensa por la frustración. Estaba arrodillada frente a Ronan, con las manos suspendidas sobre la lesión y el rostro pálido por el esfuerzo—. El dolor… es erróneo