La ciudad perfecta de Aethelgard contuvo el aliento. El suave repiqueteo de las calles de cristal se silenció, y la luz de arcoíris de las agujas pareció atenuarse, como si tuviera miedo. La presencia de Isolde era una mancha en el paraíso, una realidad fría y dura que destrozaba la hermosa ilusión de la ciudad.
Ronan fue el primero en moverse, colocándose frente a los demás con la mano ya en la empuñadura de su espadón. Su rostro era una máscara de piedra, pero sus ojos ardían con una mezcla d