El portal de plata era como entrar en un lago helado. El aire era inmóvil y frío, y el mundo estaba hecho de reflejos. Se encontraban en una calle de cristal negro pulido que espejaba perfectamente el cielo superior —un cielo de colores nebulosos y giratorios, como si una parte de la propia forma del Juez hubiera sido arrancada y estirada sobre sus cabezas. Edificios de cristal y cromo se alzaban a todos lados; sus fachadas no mostraban la ciudad, sino que reflejaban a las personas que las mira