Mundo ficciónIniciar sesiónDicen que los lobos escogen a su pareja por instinto, pero ¿qué pasa cuando el corazón desafía la ley del destino? Aileen Foster solo quería graduarse, conseguir un trabajo y escapar de su ciudad natal cargada de fantasmas. Pero su vida da un giro salvaje cuando, en lo profundo del bosque, cruza su camino con un hombre tan aterrador como hipnótico: Lukas Thorne, el Alfa de una manada secreta de hombres lobo que rige desde las sombras. Lukas ha esperado siete años por el regreso de la chica a la que vio una sola vez y supo que era su pareja destinada. Ahora que la tiene frente a él, no la dejará escapar aunque eso signifique enfrentar una guerra dentro y fuera de su manada. En un mundo donde la traición es ley y el instinto lo gobierna todo, Aileen tendrá que decidir si huye del lobo o se entrega a él por completo.
Leer másEn una mañana de Verano Gely iba feliz en los brazos de papá quien a la vez llevaba a su hermana menor Rossane en una pequeña lancha acompañados por su madre rumbo a casa de los abuelos, Gely miraba y disfrutaba el paisaje a través del río y jugando con el agua mientras que Rossane continuaba en los brazos de Josué su padre, cantando y haciendo bromas con él; ya que era la hija consentida de sus padres debido a que Gely había sido producto de un descuido de ellos; era igual querida pero no mimada como su hermana menor. Su madre Marian desde la silla en la esquina del bote observaba a sus dos pequeñas princesas jugar con su esposo, mientras pensaba que valía la pena cada instante de su sacrificio al casarse con un hombre que en inicio no amaba.
Al llegar al rancho la Sra. Gela abuela de las niñas fueron recibidos con una enorme sonrisa y los brazos abiertos ya que eran enormemente queridos por la familia; Las hermanas llevando del brazo a Josué corrieron abrazar a los abuelos muy felices. El que era el yerno consentido la señora Gela lo esperaba con una taza de café con leche recién ordeñada y pan para desayunar en lo que le preparaban huevos revueltos con jitomates favoritos de él y una tortilla muy gruesa echa a mano.
El día en el rancho se pasaba volando entre correteos, visitando el potrero donde el bisabuelo de las niñas tenía vacas y caballos.
Gely por otro lado se acercaba con distancia prudente solo para mirar y no tocar los animales ya que era delicada desde bebé, padecía alergias a ciertos tipos de animales, a diferencia de Rossane quien iba y venía libremente entre los animales pudiendo acariciarlos a todos. Días después las niñas con sus padres regresaron a casa de sus abuelos; Josué, yerno admirado por sus múltiples facetas llevaba consigo una guitarra; sentando a sus hijas en dos pedazos de tronco de un árbol que se encontraba esparcido en el suelo residuos de leña y tomando un tercer pedazo para colocar su pierna y acomodar el instrumento y deleitar a sus niñas con su voz "no quisiera nunca verte triste niña" Rossane su hija menor cantaba la canción, mientras que Gely solo escuchaba y la tarareaba en sus pensamientos; y así como cada viaje al rancho de sus abuelos antes de regresar a la ciudad, paseaban entre los frutos, jugaban con los primos siempre en compañía de papá
Una tarde llegando de casa de los abuelos las niñas se fueron a jugar al patio, con sus primas eran unas niñas muy mimadas y malcriadas querían todo para ellas, esa tarde Josué sorprendió a sus hijas con una pequeñita perrita a quien Rossane bautizo con el nombre de motita; las niñas felices comenzaron a jugar con su mascota corrían por toda la casa con ella
Gely y Rossane terminaron rendidas; se quedaron dormidas en el suelo a lado de motita, Josué le dijo a Marian mira nuestras princesas tan contentas con ella, Marian sin embargo viendo esas caritas felices estaba preocupada por Gely y su alergia. Al día siguiente lo más temido por Marian, Gely comenzó a tener coloración roja en su piel y asfixia tuvieron que correr al hospital infantil donde de inmediato la atendieron le colocaron intravenosa y medicamento para combatir la inflamación.
Mami, mami, llévame de aquí no quiero estar aquí por favor, lloraba Gely a sus padres; No debemos sacarte de aquí respondió Marian, si sales será peligroso para ti aún y menos podrás seguir jugando con motita. Mami no me gustan las agujas lloraba la niña a su mami después de 24 horas de observación por fin fue dada de alta
Josué su padre la llevaba en brazos y felizmente la llevó a comprar un caramelo - Papá ¿me trajiste uno a mí? Dijo Rossane quien corrió a los brazos de Josué, claro mi pequeña princesa como no iba a traerte a ti mi querida hija, Gracias papito eres el mejor, cántanos una canción las dos niñas a unísono pidieron a su padre y así montadas en bicicleta ambas Iban escuchando a su padre felizmente su canción.
- Papá ¿nunca me dejaras verdad? Pregunto Gely
Nunca mis princesas, siempre estaré con ustedes; Josué respondió mientras regresaban a casa y hacia olvidar a su hija mayor la estadía en el hospital.
Mis hermosas princesas, si yo pudiera estar para siempre con ustedes sería el hombre más feliz de la vida, pero no puedo y tampoco se los puedo decir ahora; Josué pensaba para sí mismo.
Por la noche al acostarse Josué le platicaba a Marian lo que le habían dicho las niñas; No sé qué haces que toda la atención te la llevas tú, pareciera que solo soy la sirvienta de esta casa Marian haciendo pucheros le respondía a su esposo.
Como dices eso amor mío si tú eres la Reina de mi corazón y nuestras hijas las princesas de la casa; Marian sonrió al recordar las risas de sus niñas y le dijo; Dios nos ayude a conservarlas y que sean felices toda su vida.
A la mañana siguiente Rossane y Gely se despertaban muy temprano para ver una programación de fin de semana familiar, Marian felizmente las sentó para entregarle un desayuno de fruta y su vaso de leche con chocolate que les encantaba mientras preparaba algo más para completar su desayuno y así sentarse a desayunar los cuatro juntos... Al terminar las hermanas corrían directo a la televisión para seguir disfrutando su programa familiar donde había juegos, canciones para niños y lo que más disfrutaban era la parte donde anunciaban juguetes, mientras que su madre Marian recogía todos los trastes y se ponía a limpiar la casa para que sus pequeñas tuvieran un lugar limpio para jugar todo el tiempo apurándose para poder estar con ellas
Rossane y Gely realmente eran felices al estar siempre con sus padres.
La habitación pareció cerrarse en torno a Lukas cuando el aroma de Aileen lo envolvió por completo. Era como un eco antiguo, como una canción olvidada que su alma reconocía al instante. Cada fibra de su ser respondió con una urgencia animal, con un instinto que se negaba a ser contenido. Quiso hablar, decirle algo coherente, pero su garganta se cerró. Ella lo miraba con esos ojos claros, confundida, como si también sintiera algo pero no pudiera explicarlo.Lukas retrocedió un paso, como si la distancia pudiera salvarlo de lo inevitable. Pero era demasiado tarde. Su lobo rugía por dentro, golpeando con fuerza contra la pared de su autocontrol. “No puede ser. No ahora”, se repitió, aunque ya lo sabía. Ella era su pareja destinada. La conexión estaba allí, latiendo en el aire como electricidad antes de una tormenta.Aileen frunció el ceño, como si captara su cambio. “¿Estás bien?”, preguntó con una mezcla de desconfianza y preocupación. Él asintió rápidamente, demasiado rápido. No podía
La cafetería del centro era un lugar cálido y sin pretensiones, con mesas de madera rayadas por el tiempo y el murmullo constante de conversaciones que se desvanecían en el aire. Aileen no pensaba detenerse, solo quería un café para mitigar el insomnio que la acompañaba desde su llegada al pueblo. Sin embargo, en cuanto cruzó la puerta, el aire pareció espesarse.—Uno mediano para llevar, por favor —murmuró a la barista mientras sus ojos recorrían el lugar sin intención.Hasta que lo vieron.Sentado en la esquina más oscura del local, con los codos sobre la mesa y la mandíbula tensa, un hombre de mirada acerada y cabello oscuro como la medianoche la observaba. No fue una mirada casual. Fue una sentencia.Aileen sintió una punzada en el estómago, como si algo en su interior se revolviera con violencia.—¿Quieres leche de almendra o normal? —preguntó la chica del mostrador.—¿Qué? Ah… almendra —respondió, distraída, con la vista aún clavada en el desconocido.Pero ya no estaba mirándola
Nunca quise volver a ese lugar.El autobús crujió mientras se detenía en la estación olvidada de Graypine, ese rincón escondido entre montañas, donde los árboles susurran secretos que nadie se atreve a escuchar. Afuera, el aire estaba cargado de humedad, y el cielo era una sábana gris que presagiaba tormenta. Bajé con mi mochila en la espalda, mi celular sin señal y el corazón retumbando como un tambor.Graypine no había cambiado. Las mismas casas de madera agrietada, el mismo silencio incómodo, las mismas miradas de desconfianza al extranjero. Solo que yo no era extranjera. Había nacido aquí. Había crecido corriendo entre esos árboles. Había huido a los dieciocho sin mirar atrás.Y sin embargo, aquí estaba. Cuatro años después. Contra mi voluntad.—Aileen, cariño. —La voz de mi tía Nora me sacó del trance. Su abrazo era apretado, cálido. Familiar. Falso.No era culpa de ella. Era todo. Este lugar. Esta tierra. Este recuerdo constante de una vida que me había tragado viva.Subimos a s
Último capítulo