El torrente de conocimiento retrocedió como una marea, dejando a Elara jadeando sobre el pavimento cristalino. Por un momento, no fue consciente de nada más que del latido frenético de su propio corazón y de la presencia sólida y reconfortante de las mentes de sus amigos, que habían sido sus anclas en la tormenta cósmica. Uno a uno, sus contactos mentales se retiraron, dejándola con una extraña sensación de vacío y soledad, incluso mientras permanecían a su alrededor.
Abrió los ojos. El árbol d