Silas los guio a un rincón relativamente tranquilo cerca de un racimo de hongos brillantes que proyectaban un resplandor suave y etéreo. —Esto es lo más seguro que encontrarán —raspeó, enganchando su vara a una tubería oxidada—. El mercado tiene reglas. Nada de violencia abierta. Nada de armas desenfundadas. Los Ejecutores —lo que queda de ellos— se encargan de eso. Pero las reglas tienen... vacíos legales.
—Necesitamos suministros —dijo Lira, yendo directo al grano—. Comida. Agua. Botiquines.