El peso en los brazos de Ronan no era nada. Había cargado barriles de cerveza que duplicaban su peso y losas de piedra que habrían quebrado a un hombre inferior. Pero la forma frágil e inmóvil de Lyra era una carga de otro tipo. Era el peso del fracaso, una piedra fría y pesada en la boca del estómago que ninguna fuerza física podía levantar.
Caminó por las dunas interminables, con las botas hundiéndose en la arena; cada paso era un esfuerzo monumental de voluntad. El sol era un ojo despiadado