Capítulo 49

El desierto de Q'atar no era un lugar de arena; era un mar de ella. Un océano infinito y ondulante de granos finos y dorados que brillaban bajo un sol tan despiadado que se sentía como un peso físico. El aire estaba tan caliente que distorsionaba el horizonte, creando espejismos de ciudades y lagos que se desvanecían al acercarse. Era un paisaje diseñado para quebrar el espíritu, para evaporar la esperanza y dejar solo una resistencia cruda y latente.

Ronan avanzaba a través de él como si estuv
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