La mañana de la cumbre amaneció brillante y despejada, un contraste absoluto con la tormenta que se gestaba dentro de los muros de la fortaleza. La habitación estaba en silencio, el aire cargado de una tensión previa a la batalla que era tan aterradora como estimulante. Me encontraba frente al espejo de cuerpo entero, el vestido plateado adherido a mí como una segunda piel. Se ajustaba a mis curvas, la tela tan ligera que parecía que no llevaba nada, y aun así se sentía más como una armadura qu