Emil.-
Agradezco a mi princesa, si ella no estaría Nadia me habría despellejado vivo, antes de explicarle la presencia de Vera en esta casa, podía ver como el humo le salía de las orejas.
— ¡Es mi turno! –Lina entra dando salticos por mi despacho–. es hora de que esta princesa reciba un baño y se coloque un precioso vestido, aprovecha este tiempo para estar con tu esposa –comenta guiñándome el ojo con picardía –creo que dijo que iba a relajarse en tu jacuzzi.
Esas fueron las palabras mágicas,