Anita se aparca a las puertas de la mansión Romanov con el abrigo ajustado y las manos dentro de él. El frio de la noche le cala los huesos. Es un frio casi tenebroso tomando en cuenta donde se encuentra. Tiembla de manera copiosa. Ya a este punto no le parece tan buena su idea de infiltrarse para matar a todos. Ahora si cree que es un suicidio.
Las puertas se abren y aparece el mismísimo Nicolay Romanov acompañado de un sequito de hombres gigantes, vestidos de negro. Con actitud amenazante y a