Camille camina por el corredor del segundo piso, buscando el silencio de su habitación siguiendo la orden que le ha dado su superior, pero sus botas pesan como si estuvieran hechas de plomo. Está físicamente agotada, pero mentalmente está en llamas. Haber tenido que dar la cara ante la tropa por la basura de Tiffany y Oliver la dejó con los nervios de punta.
—¡Camille! —el grito de Alex corta el pasillo.
Ella no se detiene. No quiere hablar, no quiere ver a nadie, y mucho menos a él. Pero Alex