El trayecto desde el norte de Manhattan hasta el punto indicado por el mapa se hace en un santiamén, pero no por rapidez, sino por precisión. Malik conduce con sigilo, tal como se lo ordenaron. No hay acelerones innecesarios ni luces llamativas. El convoy se mueve como una sombra, deslizándose por calles secundarias, evitando patrullas y miradas curiosas.
Cuando llegan a las inmediaciones del río Hudson, el sol ya se ha escondido por completo. El cielo de Nueva York se tiñe primero de rojo, com