El muelle privado de Nicolay Romanov no aparece en ningún mapa. No tiene nombre, ni siquiera una historia, camina por sus dominios como el rey del lugar sin testigos. Solo existe para lo que fue creado: recibir muerte disfrazada de metal. Alrededor contenedores oxidados, grúas que crujen como esqueletos viejos, luces que parpadean como si temieran iluminar demasiado. El concreto está agrietado, sucio, y el aire… el aire huele a pólvora, a sal, a traición.
A muerte.
Nicolay baja del vehículo bli