El jet de los Maldonado toca tierra en una pista privada, casi invisible para el mundo desde el aire, oculta por una bóveda de cipreses centenarios y musgo español que cuelga como cortinas alrededor impidiendo la vista, solo un piloto experto haría un aterrizaje perfecto como el que hizo Ignasi. El aire de Luisiana es denso, cargado de una humedad que huele a tierra mojada y a secretos que nunca serán contados porque han sido tragados por el pantano. Al final de la pista, Edward Mark espera jun