Mundo ficciónIniciar sesiónLa inminente boda de Valentina y el heredero Edward Sutton desata la furia de su hermanastra, Verónica, quien, le tiene envidia. Verónica manipula a Valentina para que se acueste con un desconocido, Declan, drogándola y grabando la traición. El día de la boda, Edward expone públicamente la infidelidad de Valentina con las pruebas de Verónica, humillándola frente a la élite social. Mientras Valentina huye, destrozada y con el cuerpo temblando, es encontrada por el mismo hombre de la aventura de una noche, Declan, quien, al socorrerla, descubre que está gravemente herida. Sus vidas volviendo a encontrarse, resultando ser sus destinos entrelazados.
Leer más5 años después...Las luces de la pasarela en el corazón de Manhattan se atenuaron, dejando un silencio expectante que solo el mundo de la alta costura sabe sostener. No era un evento cualquiera; era la noche en que la marca "Valentina F." presentaba su colección de otoño, una línea que ya no dependía del apellido Westerfield ni del legado de los Fairchild. Valentina había pasado los últimos cinco años trabajando en talleres, dibujando hasta el amanecer y demostrando que su talento no era un accesorio de su vida social, sino su esencia misma.Cuando la música comenzó a vibrar y la primera modelo desfiló con un diseño que evocaba la libertad de Florencia mezclada con la estructura de Nueva York, el público contuvo el aliento. Valentina observaba desde el backstage, con el corazón latiendo con fuerza, pero ya no por miedo, sino por orgullo.En la primera fila, la estampa era perfecta. Declan estaba sentado allí, luciendo impecable, pero sus ojos no estaban en la ropa, sino fijos en la c
La luz suave de la mañana se filtraba por las persianas de la unidad neonatal. Habían pasado tres semanas desde aquella noche de terror, y el silencio estéril del hospital finalmente se sentía cálido. Valentina estaba sentada en un sillón mecedor, sosteniendo contra su pecho a la pequeña Elena, mientras Declan, a su lado, acunaba con una torpeza adorable a Mateo. Los mellizos, aunque nacidos antes de tiempo, habían demostrado una fuerza heredada de su madre. Elena tenía los ojos curiosos de Valentina, mientras que Mateo ya mostraba ese gesto serio y decidido que tanto caracterizaba a Declan.—Míralos... —susurró Valentina, acariciando la suave mejilla de su hija—. Casi no puedo creer que estén aquí, después de todo lo que pasamos.—Son perfectos —respondió Declan, bajando la mirada hacia el niño que dormía plácidamente en sus brazos—. Y tienen suerte, Valentina. Tienen a la madre más valiente del mundo.Ese día, tras la última revisión médica, finalmente recibieron el alta. El regres
Sus manos, antes firmes, no dejaban de temblar. No era el CEO poderoso; era un hombre aterrado de que el hilo de su felicidad se cortara justo cuando empezaba a tejerse.— ¿Cómo está ella? Por favor, dígame que está bien.—La cirugía fue exitosa, pero ha sido un trauma severo para su cuerpo. El estrés le provocó una descompensación crítica. Ahora está en observación, recuperándose de la anestesia. En cuanto a los pequeños... —el médico hizo una pausa y le hizo una seña para que lo siguiera—. Venga conmigo.Caminaron hacia la unidad de cuidados intensivos neonatales. A través del cristal, Declan los vio. Eran dos figuras minúsculas dentro de cajas de cristal, rodeados de cables y monitores que median cada latido. Se acercó al vidrio, apoyando una mano en él, sintiendo que el corazón se le encogía de una manera que nunca antes había experimentado.—Son tan pequeños... —susurró Declan, con la voz quebrada por la emoción. Eran tan frágiles, tan ajenos al caos de Nueva York que casi los de
Declan entró de golpe, con el corazón martilleando contra sus costillas con una fuerza ensordecedora. Sus ojos recorrieron el lugar frenéticamente hasta que la vio: Valentina estaba encogida en una silla al fondo, pálida como el mármol, aferrada a su vientre con una mano y a su teléfono con la otra. No había rastro de Verónica; solo quedaba el eco del veneno que había soltado.—¡Valentina! —exclamó Declan, llegando a su lado en dos zancadas. Ella levantó la mirada, y lo que él vio lo aterró más que cualquier amenaza de sus enemigos. Sus ojos, antes brillantes de determinación, estaban nublados por el dolor y el shock.—Declan... duele... —susurró ella, su voz apenas un hilo quebradizo.—Te llevaré al hospital, te lo prometo. Todo estará bien —aseguró arrodillándose para quedar a su altura. Le tomó el rostro entre las manos y notó que estaba empapada en un sudor frío—. Necesito sacarte de aquí. Los bebés...Una contracción violenta la sacudió, haciéndola arquear la espalda con un grit
Último capítulo