Valentina apretó las sábanas con tanta fuerza que sus nudillos perdieron el color. La indignación empezaba a superar al miedo.
—¿Su rostro ante la élite? —soltó ella con una risa amarga que terminó en un sollozo—. ¡No mienta! En esa fotografía... en esa horrible imagen ni siquiera se le veía la cara. Era solo un torso, una sombra. Usted podría pasar por cualquier desconocido en esta ciudad y nadie lo sabría.
La atmósfera en la habitación cambió de golpe. La temperatura pareció bajar varios grad