El regreso a la ciudad fue un despliegue de poder. Alaric no solo reforzó la seguridad, sino que ordenó la construcción de una bóveda subterránea bajo la Torre Thorne, un santuario revestido de obsidiana y cuarzo blanco donde la luz de Elora pudiera expandirse sin ser detectada desde el exterior.
Elora, sin embargo, estaba distante. Sus ojos, que antes brillaban con un oro puro, ahora se tornaban negros por momentos, como si una nube de tormenta se instalara en su mirada. Mientras descansaba e