El jet privado no era suficiente para este viaje. Tuvieron que internarse en las estepas congeladas de Siberia, donde el suelo mismo parece rechazar la vida. Alaric cargaba a Elora envuelta en pieles negras, pero bajo el abrigo, ella seguía siendo una brasa ardiente. El miedo en Alaric era una bestia que le arañaba las entrañas; cada vez que ella soltaba un quejido, él sentía que su inmortalidad no valía nada si ella no estaba para compartirla.
Llegaron a la entrada de la Cripta, una grieta en