La ciudad de Zyanthia estaba sumergida en una penumbra gótica, rota solo por el resplandor dorado que emanaba de la planta superior de la Torre Thorne. Elora se sentía inquieta. Desde hacía días, sentía una mirada fría clavada en su nuca, una presencia que no era la de Alaric ni la de los guardias. Era alguien que parecía conocer sus pasos antes de que ella los diera.
Mientras Alaric estaba en los niveles inferiores reforzando las defensas contra la plaga del Hambre Blanca, Elora decidió bajar