Mundo ficciónIniciar sesión"En la ciudad de Zyanthia, el sol es un mito y las sombras tienen dueño." Elora Vance solo buscaba una oportunidad para sobrevivir, pero terminó en las garras de Alaric Thorne, el hombre más poderoso y temido de la ciudad. Alaric no es solo un magnate; es un soberano implacable que gobierna desde el anonimato, un monarca que no acepta un "no" por respuesta. Desde el momento en que Elora pone un pie en la Torre Thorne, se convierte en el objeto de una fijación peligrosa. Alaric la reclama como suya, envolviéndola en un mundo de lujos, secretos prohibidos y una pasión que quema más que el mismo sol. Pero en Zyanthia, nada es lo que parece. Mientras Elora lucha por no perderse en la oscuridad de Alaric, descubre que ella misma guarda un secreto que podría destruir el imperio del Monarca... o salvarlo. ¿Qué pasa cuando la luz que tanto temes se convierte en la única que puede salvarte? "No me llames salvador, Vance. Los salvadores te dejan ir. Yo... yo te reclamo."
Leer másLa explosión de luz que emanó de las manos de Elora no solo agrietó el cristal reforzado de la Torre Thorne, sino que hizo que el Velo de Sombras de Alaric vibrara como una campana herida. Elora ya no era la mujer que buscaba respuestas; era una madre desesperada con el poder de un sol agonizante en sus venas. Alaric se puso en pie en un segundo, su instinto de combate activado incluso antes de estar plenamente despierto. Al ver a Elora junto a la ventana rota, con los gemelos levitando a su lado en un halo de energía dorada y negra, su rostro se contrajo en una mueca de furia y dolor. -¡No des un paso más, Vance! -rugió Alaric, y las sombras de la habitación se materializaron como lanzas apuntando hacia ella-. Si cruzas ese umbral, el Velo te consumirá. No puedes sobrevivir fuera de mi protección. -¡Tu protección es una tumba, Alaric! -respondió ella, y su voz resonó con un eco celestial-. Prefiero arder en el exterior que morir lentamente en tu mentira. Elora extendió sus alas d
El aire en Zyanthia se volvió denso, casi sólido. Alaric no solo había cerrado las puertas de la torre; había activado el Velo de Sombras, una cúpula de energía oscura que envolvía la ciudad entera, impidiendo que cualquier ser de luz o de sangre pudiera cruzar la frontera. En lo alto de la Torre Thorne, el ático se sentía como una jaula de cristal rodeada de un abismo negro. Elora sostenía a Lucian y Malakai con manos temblorosas. El diario de sus padres y el prisma de Caelum eran la prueba de la traición de Alaric. Su luz, antes cálida, ahora chispeaba con una furia fría y cortante. —No puedes mantenernos aquí para siempre, Alaric —dijo Elora, su voz resonando con una autoridad divina mientras intentaba abrir un portal de luz que se disolvía al contacto con las paredes reforzadas—. El mundo sabe que los gemelos existen. No puedes esconderte de la verdad. Alaric apareció desde las sombras del pasillo. Ya no vestía sus ropas de seda, sino su armadura de combate completa, os
Zyanthia nunca había visto al Monarca tan fuera de control. Alaric no caminaba; se desplazaba como una mancha de tinta letal por los callejones de la ciudad baja. Había dejado a Caleb y a sus mejores guerreros custodiando el piso de Elora con una orden simple: "Si alguien que no sea yo intenta cruzar esa puerta, maten a todos y quemen el edificio". Alaric llegó a un antiguo teatro abandonado, un lugar donde el aire se sentía estático y cargado de ese olor a incienso y cristal que Caelum había dejado en la biblioteca. La furia de Alaric era una llama fría; no gritaba, pero cada paso que daba hacía que el suelo de madera podrida se cubriera de escarcha negra. —¡Sal de donde te escondas, rata de luz! —rugió Alaric, su voz resonando en el teatro vacío como un trueno—. Te atreviste a entrar en mi casa, a hablarle a mi mujer. Te aseguro que la muerte será un regalo comparado con lo que te voy a hacer. Caelum apareció en el escenario, rodeado de un aura plateada. Se veía tranquilo, lo cua
La ciudad de Zyanthia estaba sumergida en una penumbra gótica, rota solo por el resplandor dorado que emanaba de la planta superior de la Torre Thorne. Elora se sentía inquieta. Desde hacía días, sentía una mirada fría clavada en su nuca, una presencia que no era la de Alaric ni la de los guardias. Era alguien que parecía conocer sus pasos antes de que ella los diera. Mientras Alaric estaba en los niveles inferiores reforzando las defensas contra la plaga del Hambre Blanca, Elora decidió bajar a la biblioteca antigua. Allí, entre estanterías de madera negra, una figura emergió de las sombras. No era un monstruo, sino un hombre de una belleza gélida, con ojos que parecían hechos de cristal tallado. —Elora... por fin estamos solos —susurró el hombre. Su nombre era Caelum, y había estado acechándola desde las sombras de su pasado, mucho antes de que Alaric apareciera—. El Monarca cree que te posee, pero tú eres la luz que él solo intenta apagar para no quedarse ciego. Elora retroced
Último capítulo