Elora entró al despacho privado de Alaric con las piernas temblándole. La voz de Lysandra todavía resonaba en sus oídos como un eco sucio. "Mascota". "Juguete". Se sentó en la silla de cuero frente al escritorio de Alaric, tratando de respirar hondo, pero el aroma a vainilla de su propio perfume parecía mezclarse con el rastro gélido que Alaric dejaba en cada habitación.
No pasaron ni diez minutos cuando la puerta se abrió con un estruendo. Alaric entró, pero no venía solo. Lysandra lo seguía d