Capítulo 8

La oscuridad que envolvía la mente de Elora no era un vacío pacífico; era un hervidero de visiones distorsionadas. Bajo el efecto del brebaje que Lysandra la había obligado a beber, las paredes del despacho de Alaric parecían respirar, y el techo de cristal se sentía como el peso del océano hundiéndose sobre ella.

El sabor metálico del acónito y la sangre de los Thorne seguía quemando sus papilas gustativas, una invasión que reclamaba su cuerpo desde adentro.

Cuando finalmente logró abrir los o
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