El convoy blindado de Alaric atravesó los límites del bosque prohibido, escoltado por lobos que corrían entre los árboles como sombras grises. Al detenerse frente a la mansión de madera y piedra de Caleb, el aire cambió: dejó de oler a asfalto para oler a tierra, lluvia y animal.
Alaric bajó del coche, su figura negra contrastando violentamente con el entorno natural. Su rostro era una máscara de desprecio.
—Este lugar huele a perro mojado y a debilidad —siseó Alaric, agarrando a Elora del br