La mansión tembló bajo el impacto de los primeros misiles de plata. Alaric, con la mandíbula apretada y el torso cubierto por una armadura de cuero reforzado, se giró hacia Elora. La tomó de la nuca con una fuerza ruda, obligándola a mirarlo mientras las explosiones iluminaban sus rostros.
—No te separes de Sloane. Si la Orden pone una mano sobre ella, el equilibrio se rompe —sentenció Alaric, su voz era un rugido bajo—. Caleb y yo vamos a convertir este bosque en un matadero. Asegúrate de que