—Está aquí, Addison.
—¿En el Hotel? —Qué alivio, aunque a la vez me pregunto qué está haciendo allí.
—Sí. —Mark parece arrepentido.
—¿Debería ir? —No sé por qué se lo pregunto. Ya estoy camino del dormitorio para vestirme. Dice por teléfono:
—Creo que sí, muchacha. Ha ido directo a su despacho.
Cuelgo, me recojo el pelo mojado y vuelvo a ponerme la ropa que llevaba antes. Las llaves del coche, Nick no me las ha devuelto. Vuelo escaleras abajo y me pongo a rebuscar entre mis cosas, r