Mundo ficciónIniciar sesiónLogan Ackerman vivía con solo un objetivo: vengar el fraude cometido a sus padres, acción que causó el fallecimiento de ambos. Lleno en odio y con la determinación de hacer pagar a Antón Lyon, el culpable, se acerca a Nea, la hija del hombre que más odia. Después de meses de fingir amarla ella se entrega a él provocando que la venganza de Logan se completé, él sabía que nada humillaría más a Antón que saber que su querida hija, de la que tanto alardeaba se había entregado a alguien tan insignificante como él. Nea es arrojada a la calle y abandonada por Logan frente a su padre que no duda en darle un castigo el cual Nea no es capaz de soportar. Con él corazón roto, su dignidad marcada y a las puertas de una boda que ella no desea, tomó como decisión acabar con su miseria, pero el destino tenía otros planes, unos en los que le daba a Logan la oportunidad de reivindicarse. Nea pierde la memoria y él tomó aquello como una segundos oportunidad, la enamora de nuevo, pero todo cambia en él preciso instante en el que ella recuerda el daño que él le causó, daño del cual Logan se arrepiente, pero hay cosas que por más que quieras no puedas cambiar y Logan entenderá eso de la manera más dura posible, la mujer que ahora ama lo odia y hará lo posible por alejarse de él y empezar de nuevo. ¿Logan lo permitirá o se valdrá de lo que sea para retener a Nea a su lado? Descúbrelo conmigo.
Leer más—¡No sé de qué demonios te ríes, Nate! —espetó el viejo Rufus, cada vez con más molestia—. ¿Te parece que da risa todo lo que te estoy diciendo? ¡¿Te parece que da risa que todos nuestros amigos y conocidos, e incluso los asociados que tenemos en la compañía, crean que el mayor de mis hijos es gay?!
Nate puso los ojos en blanco y suspiró con frustración.
—Pues sí me da risa porque ninguna de esa gente me conoce lo suficiente como para decir nada sobre mí.
—¡Pues no importa que no te conozcan, Nate! ¡Esa gente también tiene ojos y están viendo lo mismo que yo veo! ¡No tienes novia conocida! ¡Solo te pones trajecitos y corbatitas, solo andas en autos deportivos...! ¿Cuándo fue la última vez que tuviste un rifle de caza en las manos? ¿¡Eh!? ¡Contéstame! ¡Así no fue como yo te crie!
Nate bajó de un tirón el vaso de whisky que tenía en la mano y lo empujó hacia su hermano Matthew al otro lado de la barra.
—¡Ay, papá, por favor! Uso traje y corbata porque trabajo en Nueva York. Tenemos la corporación ganadera más grande del país, pero ¿adivina qué? ¡No puedo dirigirla desde Texas! Soy el CEO de esta compañía en Nueva York y allá usamos traje y corbata, y manejamos autos deportivos.
El coscorrón de su padre en la nuca lo hizo mirar al viejo ranchero con incomodidad.
—¡Pues te guste o no, tú naciste en Texas! ¡Eres el mayor de cinco varones que se criaron al mejor estilo y tradiciones del hombre tejano: con botas y troca! ¡Macho, varón, masculino, del verbo "no te agachas que hay peligro"! ¡Y bajo ningún concepto voy a permitir que nadie diga por ahí que mi hijo es un mariposón de carnaval!
Nate apretó la boca en una fina línea porque tampoco lo habían educado para replicarle a su padre, pero había cosas en las que no podía quedarse callado.
—Eso es tan homofóbico de tu parte —rezongó.
—Pues lamentablemente eso se llama tener sentido común. A lo mejor el mundo anda desmandado, pero nuestros inversores vienen por un negocio tradicional con una familia tradicional. ¡Y si tú no eres capaz de ser el ejemplo de esta familia, entonces que uno de tus hermanos se haga cargo!
—¡¿Disculpa?!
Nate lo miró como si se estuviera volviendo loco.
—¡Como lo oyes! Si quieres seguir dirigiendo esta empresa, entonces termina con las murmuraciones. Te doy un año, Nate, un año para traerme un hijo de tu sangre, hecho de la forma tradicional, porque créeme, si te metes en un banco de inseminación de esos, te juro que lo voy a saber. ¡Se inseminan a las vacas, a las mujeres se las f...!
—¡Papá! —le gritaron Nate y Matthew a la vez, y el viejo respiró entrecortadamente porque ya la ofuscación lo había puesto rojo.
—¡Pues lo que dije: un año, Nate! ¡Si en un año no me has traído un hijo de tu sangre, puedes ir despidiéndote de Nueva York y de tus maldit@s corbatas!
Rufus Vanderwood salió de allí bufando como uno de sus toros, y Nate golpeó la barra con el puño mientras Matthew ponía frente a él otro vaso de whisky.
—Bueno, hermanito, ya lo oíste. ¡A reproducirte!
***
DOS SEMANAS DESPUÉS...
—¡No! —La respuesta de Blair fue tajante—. No voy a arriesgar así a mi bebé.
—Linda, no tenemos otra opción, Nathalie es la única donante compatible contigo...
—¡Nathalie tiene ocho meses! —replicó Blair con los ojos llenos de lágrimas—. ¡Es una bebé! ¡Ya para un adulto es arriesgado un procedimiento como ese! ¡¿De verdad crees que pondría en peligro a mi hija solo para salvarme yo?!
Su tono casi llegaba a los gritos, pero la doctora mantenía la paciencia porque ya había tratado con muchas personas en su misma situación y sabía la desesperación tan grande que debía sentir.
—Entonces lo siento, querida, pero yo no puedo hacer nada más. Tendríamos que esperar a que apareciera algún donante, y eso es... Realmente es muy difícil, Blair, lo lamento.
La muchacha se cubrió el rostro con las manos mientras intentaba combatir aquel nudo en la garganta que no la dejaba respirar.
—¿Cuánto? —preguntó mientras las lágrimas caían copiosamente de sus ojos.
—Yo no podría asegurar...
—¡Sí, sí que puede! Usted ha visto esto cientos de veces. ¡¿Cuánto?!
La doctora se llevó los dedos al puente de la nariz y trató de contener las lágrimas, porque para ella también era difícil ver una persona tan joven pasando por algo tan duro.
—Lo siento, cariño, pero solo tienes un año —murmuró y se levantó de su asiento, sabiendo que la chica frente a ella necesitaba un abrazo, pero no fue capaz de alcanzarla porque Blair salió corriendo del consultorio un segundo después.
Un año.
Un año era lo único que tenía, y lo peor del caso era que el terror tan grande que estaba sintiendo en aquel momento no era por sí misma, sino por las dos personas que sabía, invariablemente, que dejaría atrás.
Caminó sin rumbo hasta que su subconsciente y sus pies, que se sabían el camino, la llevaron de vuelta a su casa, solo para que su corazón se sobresaltara como loco al ver a los bomberos fuera de ella.
—¡Mamá, mamá…! —gritó desesperada, corriendo hacia allí—. ¡Nathalie! ¡Mi bebé! ¿Qué pasó? ¡¿Qué está pasando?!
—¡Blair...! —La voz de su madre hizo que se diera la vuelta, y el alma le volvió al cuerpo cuando vio a su pequeñita en brazos de uno de los bomberos. Estaba bien y sonriendo.
—¡¿Qué fue lo que pasó, mamá?! —la increpó la muchacha, tomando a su bebita de los brazos del hombre.
—¡Lo siento mucho, hija! Tenía algo al fuego, y Nathalie estaba gateando cerca de mí, solo me distraje un momento poniéndola en su sillita, y luego la cocina se estaba incendiando... ¡No sé cómo pasó, te lo juro...!
—Por suerte lo único que se quemó fue la cocina, señora Sagal. Logramos contener el incendio a tiempo, pero deben tener más cuidado, ¿de acuerdo? —le advirtió el bombero.
Blair asintió un poco perdida. Su madre lloraba desconsoladamente y ella solo la abrazó, dándole un beso.
—No pasa nada, mamita, no pasa nada... Ya lo vamos a resolver, te lo juro.
—¿Y cómo vamos a resolverlo, hija? —sollozó la señora Margo—. El dinero que ganas no da para hacer esta clase de reparaciones, y ni siquiera tenemos un seguro para la casa…
Blair estaba haciendo un esfuerzo por no desmoronarse allí mismo, pero las palabras de su madre simplemente hicieron un clic en su cabeza.
“¡El seguro!”, pensó mientras su corazón se estrujaba.
Desde hacía años y por consejo de una amiga, había estado pagando un seguro de vida, pero sabía que este no cubriría una enfermedad.
Era duro siquiera pensarlo; pero la desesperación llevaba a las personas a tomar decisiones insospechadas. Ella era la única proveedora de su casa. ¿Qué pasaría con su hija cuando ella no estuviera? ¿Qué pasaría con su madre? ¿De qué iban a vivir? ¿Qué iban a comer? ¿Quién las iba a ayudar?
Aquellos miedos la atormentaron durante días y la mantuvieron en vela durante noches, hasta la mañana en que finalmente se arrodilló delante de su bebé y la abrazó.
—¡Te amo, mi amor! ¡Más que nada en el mundo! Mamá haría lo que fuera por ti. Y lamento si no podemos tener más tiempo juntas. ¡Te juro por Diosito que no hay nada más que quiera en este mundo que estar contigo! ¡Te lo juro, mi amor...! Pero mamita va a estar cuidándote. Te lo prometo, mi niña. ¡Te amo, te amo mucho! —exclamó besando a su hija muchas veces antes de devolverla a su cuna y salir de la casa como si fuera a otro día normal en el trabajo.
Se permitió llorar en el camino porque sabía que era la última vez que lo haría, y se detuvo delante de aquel edificio, exactamente en la curva donde los autos pasaban a mayor velocidad.
Cruzaba aquella avenida todos los días. Así que sabía muy bien que ese Ferrari rojo pasaría por allí en el mismo momento en que dio dos pasos hacia la carretera frente a él.
Nate maldijo mientras sus manos daban dos giros violentos sobre el volante y el auto derrapaba furiosamente, golpeando a la mujer que se le había metido delante. La vio caer y rodar mientras decenas de autos se detenían y todos empezaban a tomar fotos y a grabar con sus celulares.
—¡Maldición, lo que me faltaba! —gruñó entre dientes mientras se bajaba apurado y corría hacia aquella mujer.
Era un excelente conductor y había sabido evitar el impacto frontal, pero no había podido evitar golpearla con el costado del auto.
—¡Señorita, señorita, míreme, por favor! —susurró con tono ronco, tratando de ayudar a Blair a levantarse, y la muchacha se sentó aturdida, dándose cuenta de que casi no la había lastimado.
Intentó decirle algo, pero lo siguiente que supo fue que aquel hombre la levantaba en sus brazos y la subía al Ferrari, llevándola directamente al hospital más cercano.
Admitirla en urgencias fue cuestión de segundos, y en todo momento él se comportó como si tuviera la situación bajo control. Respondió a las preguntas, se mostró preocupado y confuso ante la prensa que los había seguido, y se hizo cargo de la cuenta del hospital.
Pero cuando por fin los médicos la dejaron tranquila, Nate Vanderwood cerró la puerta de la habitación y le dirigió una mirada asesina.
—¿Qué es lo que quieres de mí? ¡¿Por qué te tiraste frente a mi auto?!
NARRADOR:Semanas después La primera luz de la mañana se filtraba por las cortinas, pintando la habitación con un suave resplandor dorado. Logan despertó con una sensación desconocida de ligereza. Se estiró lentamente, sintiendo el cuerpo de Nea acurrucado a su lado y el peso cálido y pequeño de Oliver entre ellos. Ya no había un arma bajo la almohada, solo la promesa de paz.Abrió los ojos. Nea ya estaba despierta, sonriéndole.—Buenos días, Villano —susurró, con la voz aún áspera por el sueño.—Buenos días, mi amor —respondió Logan, la palabra "amor" sonando natural y profunda.Oliver, sintiendo el movimiento, comenzó a reír, un sonido burbujeante que era la música más hermosa que Logan jamás había escuchado. Logan se inclinó y besó la frente de su hijo, luego miró a Nea, que tenía los ojos llenos de una paz que él mismo se sentía capaz de tocar.—Esto —dijo Logan, pasando un brazo protector sobre Nea y Oliver —esto es por lo que vale la pena cada cicatriz y todo que tuve que
NARRADOR:El ambiente en el pequeño cuarto era denso y estéril. Eloise se levantó cuando la puerta se abrió. Su encierro no había mermado su arrogancia, solo había alimentado su desesperación y odio por Nea. Al ver a Logan entrar solo, creyó que había ganado.—Logan, cariño—dijo con un alivio desesperado, mientras se acercaba —Sabía que me sacarías de aquí ¿Has resuelto el problema? Te juro que lo hice por ti. Por nuestra familia.Logan cerró la puerta. El clic del cerrojo sonó pesado, separándolos del resto del mundo. Su rostro no mostraba la rabia del líder, sino la profunda decepción denla traición. —Resolví el problema con Anton —dijo Logan, su voz baja y uniforme, pero cortante como hielo. Luego miró los ojos febriles de Eloise —Tú causaste la alergia a mi hijo, Eloise. Lo hiciste porque no podías tenerme. Lo hiciste porque mi felicidad te parecía una afrenta.—¡Ella te manipula! ¡Es una intrusa! —gritó Eloise, su amor enfermo convirtiéndose en histeria —¡Yo soy tu familia!
NARRADOR:El arma temblaba en la mano de Anton Lyon. Sus ojos, desorbitados, pasaban de la sonrisa cruel de Prince a la cicatriz de su propia mano, allí donde unos dedos habían estado. El recuerdo de aquel dolor, de aquella mutilación, le heló la sangre.—Llegó la hora de pagar, Anton —la voz de Prince era un susurro gutural, más peligroso que un grito —Este es tu fin, hay bestias a las que no debes despertar —Le dijo con una sonrisa sadica en su rostro. Anton Lyon no respondió. La furia y el terror por Prince eran palpables, asfixiantes. No había salida, lo sabia muy bien. Su boca se abrió, pero ningún sonido escapó, solo un jadeo patético.—Creíste que podías controlarme —Prince dio un paso lento, arrastrando ligeramente la pierna herida, como un lobo cojo pero letal —Que yo sería tu perro faldero, que podrías usar mi poder para llegar a la cima —Se detuvo a centímetros del cuerpo de Anton —Y no conforme con eso, quisiste usar a Nea como ina moneda de cambio en tu juego. Te equ
NARRADOR:Nea siguió el conducto, su unica misión era llegar con Logan, nada más iba a deternerla, Esperaba que Prince pudiese salvarse asi mismo.El ruido dentro se escucha cada vez mas lejano, y ella empezaba a respirar más aliviada, su libertad estaba más cercana.Minutos después salio del túnel, la oscuridad la recibió, la luz de algunos farros le indicaron el camino, siguió de manera sigilosa no podía permitir que volvieran a atraparla. De pronto el ruido de pasos acercarse la hizo detener, intento ocultarse pero fue en vano en grupo de hombres vestidos de negros la acorralo, la hicieron arrodillar mientras uno apuntaba su cabeza. —Informa al jefe, que nos indique que hacer —Escuchó a uno decir. El ruido del intercomunicador la hizo levantar la vista, su rostro lleno de polvo y tierra, al igual que su ropa, unos de los hombres empezo a repararla demás, se acercó a ella con un trapo y limpio la suciedad de su rostro. —Señora —Dijo de pronto llamando la atención del resto —Debi
NARRADOR:Nea sintió el aliento cálido en su oreja y se tensó, pero no gritó. La mano sobre su boca no era ruda; era un tanto protectora, aunque el olor a desinfectante la hizo erizar. —Shhh. Soy yo, Princesa. Ya estoy cansado de las siestas forzadas.Prince la soltó y se apartó, cerrando la puerta con el seguro y con mucho cuidado encendió la luz. Su rostro estaba pálido, y una vena palpitaba en su cuello, pero sus ojos estaban llenos de una intensidad salvaje. Vestía la ropa médica que había usado, algo ridícula contra su figura imponente.—¿Destruiste la nota? —preguntó Nea en un susurro.—Hablas con un profesional Nea, no dejo rastros nunca. Tu lo sabes y por eso quieres usarme —dijo Prince con una sonrisa que no llegó a sus ojos. Su mirada se posó en la espalda de Nea, donde la tela del vestido de cuero se pegaba a su piel —Y tú, Nea, te ves... Piensas seducirme, no hace falta pero me quejare —Dejo un beso en su hombro. Nea tembló, el recuerdo de lo sucedido esa vez le llegó de
NARRADOR:—¡Repite! —Ordenó Logan, su voz rota, ronca y cargada de una furia animal que hizo temblar su cuerpo débilmente apoyado.Sander no se inmutó. La verdad era un puñetazo, y él tenía que absorberlo por los dos.—Nea eligió irse con Anton para garantizar tu vida y la de Oliver. Estás herido, Logan. Eres vulnerable. Si Anton te hubiera tenido, te habría torturado hasta la muerte frente a ellos. Ella lo detuvo.Logan soltó la camisa de Sander como si quemara. Cerró los ojos, el dolor físico de la herida eclipsado por el dolor punzante del sacrificio. No era la traición de ir con él, sino la tortura de estar con Anton lo que lo desgarraba, Nea no tendría que estar pasando por eso otra vez. —Ella no es nada de ese bastardo —siseó Logan, abriendo los ojos. Estaban inyectados furia —Él la odia. La quiere para hacerme sufrir. ¿Y permitiste que se entregará?—No la permití. Ella lo hizo. No me dejó opción. Pero no ha roto el juego, Logan. Lo ha cambiado. Nos dio una oportunidad.—





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