El corazón me dolió cerca de seis semanas.
Seis semanas de agonía lenta en el cautiverio de mi propia casa. Seis semanas en las que no pasaba un día en el que no quisiera volver a verlo, escucharlo, darle la oportunidad de explicarse. Seis semanas en las que respiraba Dalton Savage.
Mi pierna sanó, con una cicatriz rojiza que era un mapa de mi dolor y una línea de sutura que recordaba el momento exacto en que mi vida se fracturó, pero sanó. Durante esas semanas, cada día fue una batalla contra