El nacimiento de nuestras hijas gemelas fue la antítesis de la tormenta que había sido nuestra vida. Fue una bendición doble, y una celebración tranquila y luminosa, sin alarmas ni amenazas. En lugar de la fría urgencia de la UCI, solo había la suave, aunque intensa, sinfonía del hospital, acompañada por la voz de Dalton, completamente desarmado y llorando como un niño.
—Doctor Andrews, con mi experiencia en física avanzada, le aseguro que la división de un cigoto en dos entidades genéticas idé