MILA.
El Capitán me arrebató el teléfono de las manos con un movimiento rápido, arrojó la colilla de su cigarro al suelo y comenzó a escribir. Mis ojos, ansiosos se perdieron en la pantalla, leyendo cada palabra que tecleaba.
«Eso suena prometedor», respondió, con el ceño fruncido, esperando la respuesta de Sandro. Mis manos temblaban y el estómago se me retorcía, esperando que ese texto funcionara.
«Nada me encantaría más que estar a tu lado en estos momentos, pero me será imposible. Es