Beso de un extraño.
Llegamos a un antro exclusivo de gente adinerada los guardias nos abrieron paso al reconocer a Lucio. Una vez dentro la música ensordecía mis oídos y las vibraciones retumbaban en mi pecho, con violencia.
Lucio me guio con firmeza entre la multitud hacia el subsuelo, un lugar restringido donde el aire se volvía espeso por el humo del tabaco y el perfume de calidad de los hombres y mujeres que inundaban los pasillos. Avanzamos varios pasillos revestidos de terciopelo y espejos.
Al final, un