Quédate conmigo.
MILA
Él se frenó en seco. Me clavó esos ojos ámbar con una frialdad que me quemó el cuerpo.
—Malinterpretaste el beso, querida —soltó en un siseo, acortando la distancia hasta que su calor me asfixió—. Solo quería que te quedara claro cuál es tu lugar. Que no dudaras de mí. Ella no es nadie comparada contigo… para mí, tú eres todo.
Me agarró del cuello con esa fuerza que me eriza la piel y me estampó contra la pared fría. Sentí la maldita necesidad de sus labios y no puse resistencia. Me hundí en su boca, en su lengua buscándome con esa lentitud desesperante. Era el movimiento perfecto para que me olvidara de todo, para apagarme los celos. Pero mi orgullo no se dejó engañar.
Subí las manos a sus hombros, pero esta vez no fue para abrazarlo. Lo empujé con fuerza, obligándolo a dar un paso atrás.
—Si fuera tu "todo" —le solté, con un hilo de voz que cortó el aire como un cuchillo—, no tendrías el cuello marcado por otra. Y a un "todo" no se le usa como trofeo para restregárs