La sombra de Lía.
LUCIO
Sus labios buscaron mi cuello, su cuerpo presionándose contra el mío en un reclamo que en otro tiempo habría aceptado sin dudar. Pero hoy, su contacto me resultaba ajeno, casi invasivo. La aparté con una brusquedad que la dejó tambaleante.
—No, Lía. No estoy de humor —dije, dándole la espalda.
—¿Es por tu esposa? —su voz subió de tono—. Tú dijiste que solo sería una farsa y que después todo terminaría.
Me giré, clavando mis ojos en los suyos con una indiferencia letal.
—No te