Desafío personal.
LUCIO
Abandoné el comedor sin dedicarle una sola mirada. Sentía su preocupación por ese hombre flotando en el aire como un perfume empalagoso que me revolvía el estómago. No me detuve; estaba cegado por una impotencia que me negaba a llamar celos, una furia que vibraba bajo mi piel. No era solo su silencio lo que me irritaba, sino la estupidez de que hubiera arriesgado su vida por un policía que no vale ni el plomo de la bala que lo hirió.
—Me llamaste —la voz de Sasha cortó mi paso en el v