Hambre.

MILA.

Sin embargo, entre la charla trivial y el intercambio de información vaga, escuché algo que me hizo arder la sangre: Lucio había sido un cliente frecuente de este lugar durante toda la semana. Ese era el motivo de sus regresos de madrugada.

La rabia me quemó la garganta, al recordar que mientras yo me la pasaba preocupada por su bienestar él estaba aquí, rodeado de senos llenos de siliconas y culos grandes. Mi furia alcanzó su punto máximo cuando vi a Catalina acercarse con una elega
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