Voluntad o fuerza.
MILA.
Caminaba de regreso hacia ellos bajo un escrutinio asfixiante. La mirada de Marcos era una brasa discreta, pero la de Lucio era un incendio; me devoraba con una intensidad que, por primera vez, no quise evitar. Le correspondí solo a él, dejando que la sombra de la verdadera Katya guiara mis pasos.
Sin embargo, la atmósfera se rompió antes de que pudiera sentarme. El oficial corrupto, amigo de Sandro, se acercó con paso errático pero una lucidez aterradora en los ojos.
—Tienen que ma