El mapa de la traición.
MILA.
Necesitaba más en ese momento. Necesitaba sentirme suya, ser poseída por el hombre que representaba mi única verdad, antes de volver a la mansión de las mentiras. Sus manos estaban tan ansiosas como las mías; pronto, sus dedos se deslizaron bajo el borde de mi pantalón, buscando mi piel con una urgencia que me detuvo el aliento.
—Sandro... Martínez espera —susurré, intentando recuperar un rastro de cordura.
—Martínez puede esperar unos minutos —respondió él contra mi cuello, su voz