El instinto de Martinez.
Mila.
El resto de la noche transcurrió entre risas infantiles y el aroma del guiso casero de Nahia. Cenar en familia, se sintió como un curita, pero también como un castigo. Cada vez que Luca reía o Liam me preguntaba por los paisajes de Milán, la mentira se volvía un nudo más apretado en mi garganta. no me sentía como ellos me veían, la tía exitosa que regresaba de Europa; era solo una farsa.
Me despedí con un beso y subí a mi recámara. Al cerrar la puerta, el silencio me envolvió, devol